martes, 2 de octubre de 2012

MARCELO GILL

OBRAS INÉDITAS
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Reloj con niño nuevo

Hace ya algún tiempo, sentado en el fondo de un 16, desde donde podía ver a cualquier pasajero que descendiera del colectivo, me fijé en este niño, de 14 o 15 años que luego de tocar el timbre y antes de que el ómnibus se detuviera por completo, miró la hora en su reloj con ese típico movimiento apresurado de brazo y muñeca.
Parecía que fuese su primer reloj por el orgullo adulto con que lo había mirado.
Primero sentí ternura y luego cierta lástima porque quizás era la primera vez que hacía ese movimiento que con los años se volvería mecánico, casi inconsciente.
Sentí lástima porque él no podía saber que con ese inocente movimiento había ingresado al secreto laberinto del tiempo y ya nunca podría salir.




Pesadilla
En una noche cualquiera
me olvidaré de mi cara
en un espejo que espera
con una mirada rara.

En una noche desierta
viviré una pesadilla
donde habrá una lenta puerta
y detrás luz amarilla.

Mi mano abre ya la puerta
y me veo en una incierta
selva de fuego y perdido

Oigo decir a las llamas:
Olvida todo lo que amas
soy el fuego del olvido.

Soneto con espejo y niño muerto 

El espejo dormido nunca olvida
en sus sueños está tu niño muerto
aquel que fuiste ayer y no el incierto
habitante de tu presente vida.

Aunque corras te acecha a cada paso
ese otro espejo, que es la luna llena
y que todas las tardes te condena
a perderte con ella en el ocaso.

Esta noche despertará el espejo
y solo encontrarás en su reflejo
un pasillo infinito y una puerta.

Detrás de ella estará tu niño hambriento,
que ya viene hacia ti con paso lento.
Ten cuidado. El espejo ya despierta.
Brevísimo manifiesto
"El solo hecho de que siga vivo y que persista en esta inútil tarea de fijar instantes en el papel, es prueba suficiente de que tengo esperanza en la vida y miedo a la muerte (o a lo que hay después de ella). O quizás, miedo a la vida y esperanza en la muerte (o a lo que hay después de ella)."
                                                                                                                             Yukio Yoshimoto

Versos náufragos


Para Ben, isla adonde arriban mis malos versos
"Para que tu me amaras
tendría que desandar todos los caminos".

Dos de tantos versos, malos o buenos (por lo general malos), que naufragan en un mar de cuadernos viejos, servilletas arrugadas en el fondo de una mochila, o simplemente en el necesario olvido, ese otro mar.
Allegro giocoso ma non troppo
Hizo su última llamada pero ella no atendió. Su último cigarrillo tenía un sabor extraño, como si fuese el primero. Juntó las muchas botellas de vino esparcidas por toda la casa. Mató un par de cucarachas y en el fondo, en medio de un desorden silencioso y polvoriento, encontró lo que buscaba. De regreso a su pieza llaveó bien la puerta de enfrente. Hizo un nudo y antes de colgarse pensó que ella lo encontraría así; con los ojos desorbitados y con la triste burla adicional de la lengua afuera.

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