Niño de mi país,
criado en resolanas, niño tostado y atento. Tal vez hambriento. Algún día los que somos como tú, de sol, de siesta, de viento norte y de tormenta y hemos ido contigo y hacia ti, algún día nos hemos de encontrar en una piel antigua y tersa, para reconocernos. Y ser dueños por una vez apenas de un pedazo de pan, de un pastel relleno con resolanas, hambres y silencios.
Yo no sé qué
palabras decirte cuando tienes
las manos caídas.
Cuando tienes los ojos mojados e
inmensos
como si toda la ternura te cayese por
ellos
velada y sumisa como el roce de una
lluvia finísima.
Pones en tus párpados dormidos la curva
de un
puente de silencios
como si te venciera la sombra de los
volatineros
caprichos del sueño.
Te abandonas a la dulzura penosa de saber
que el
amor es un cuento repetido que
acaba
en tristezas,
y se te nubla el encanto de presentir que
una vez
besarás estos labios con el mismo
cariño
que esta noche los
besas.
Yo te quiero dejar en la frente una
altísima
caracola de estrellas
para que tus cabellos sueñen un camino de
luces
cuando te despeinas.
Pero no puedo inventar una caricia para
tus manos
cuando están levemente
caídas.
Yo no sé qué palabras decirte cuando
tienes los ojos
mojados por una ternura
finísima.
CUESTA DECIR:
No,
no es nada.
Cuesta callar, y ver
la sombra de la tarde
larga
caída entre sus ojos con la
misma
sombra de una tarde
pasada.
Cuesta volverse,
sonriendo
a la sonrisa que nace en la
mirada,
apenas con una luz
levemente cambiada.
Cuesta sentir, por
dentro,
el peso de unas
palabras:
la quiero menos. Y es
esto
todo lo que pasa.
AHORA, DESDE
LEJOS
Se cava la tierra, se
ahonda
la tierra, y se hiende
la tierra golpe a golpe, pulso a pulso, y
cada día
después del otro, y
siempre
mientras dura la vida.
La tierra, sí, se abre, y
nunca
se hace posible decir
dónde queda el sitio,
el simple sitio que
elegir
para vivir.
Mientras la vida dura, qué
lejos
el lugar para morir.
Esta es la tierra, nuestra, y
tuya,
la que tú elegiste.
Quisiera
rescatar, el color de ese
cielo
con que tus ojos la
miraban
surgiendo verde, límpida y
siempre
asomada desde las ventanas
grises
de tu callada Galicia
nostálgica.
Porque al saberme huérfano de
ti
me siento en cierto modo huérfano de
patria,
de aljibe y de jazmín,
de zaguán abierto hacia todas las
mañanas.
Y sin embargo, ya ves, José
Domingo,
compañero y amigo y padre
mío:
las cosas son así. Con este
cielo
o sin él, será lo
mismo.
Tarde o temprano, todas las
cosas
vuelven a su sitio.
Tú sabes dónde estoy. Ahora
voy
hasta la puerta cancel. Ábrela
conmigo.
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La literatura paraguaya es muy rica y muy deconocida. Por eso, este sitio se propone difundir la poesía y otras ramas secas del árbol literario del Paraguay. Es una propuesta selectiva –mas no por ello selecta– de algunos autores que me parecen importantes conocer. A los autores nóveles del país –le erramos por una b– les ruego se comuniquen conmigo en algún lugar de la marcha cuyo nombre habremos de acordar, para incluir sus obras en esta seudoantología.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
JOSÉ MARÍA GÓMEZ SANJURJO
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